Hay lugares que atraen a millones de visitantes al año sin tener montañas rusas ni playas: son los cementerios más famosos del mundo. Necrópolis convertidas en museos al aire libre, jardines de esculturas y paradas obligadas de cualquier viaje. Hoy hacemos un recorrido virtual por tres de ellos —París, Buenos Aires y Londres— con los datos que necesitas si algún día los visitas en persona.

Primera parada: Père Lachaise, París (mañana)
Empezamos en el este de París, en el cementerio más visitado del planeta: más de 3,5 millones de personas cruzan sus puertas cada año. El Père Lachaise abrió en 1804 por decreto napoleónico, diseñado como un jardín inglés de 44 hectáreas en la colina de Charonne. El problema fue que nadie quería estrenarlo: quedaba lejos del centro y los parisinos lo veían como un destierro.
La solución fue puro marketing funerario: en 1817, la ciudad trasladó allí los restos de Molière, La Fontaine, Abelardo y Eloísa. Funcionó. Hoy descansan aquí más de un millón de personas en 70.000 tumbas, y la lista de residentes parece un salón de la fama: Jim Morrison (su tumba es la más visitada del cementerio), Oscar Wilde con su esfinge alada esculpida por Jacob Epstein, Frédéric Chopin, Édith Piaf, Marcel Proust y Honoré de Balzac.
El nombre viene del padre François d’Aix de La Chaise, confesor de Luis XIV, cuya residencia jesuita ocupaba estos terrenos. El diseño original, del arquitecto Alexandre-Théodore Brongniart, rompió con los cementerios lúgubres de la época: lo concibió como un jardín paisajista con 4.000 árboles, y esa idea se copió en todo el mundo. Dato curioso: sigue siendo un cementerio activo, con unos 3.000 nuevos ocupantes al año.
Si vas: la entrada es gratuita, abre todos los días y conviene recoger un mapa en la entrada: 44 hectáreas de callejuelas empedradas se recorren mejor con brújula. Las tumbas más buscadas están señalizadas, pero perderse un rato entre capillas neogóticas y obeliscos egipcios es parte del plan.
Segunda parada: Recoleta, Buenos Aires (tarde)
El Cementerio de la Recoleta nació en 1822 como el primer cementerio público de la ciudad, sobre tierras que pertenecieron a los monjes recoletos. Su trazado lo diseñó el ingeniero francés Próspero Catelin —el mismo de la Catedral Metropolitana—, y con los años se convirtió en el barrio final de la élite argentina. Con 5,5 hectáreas y 4.691 bóvedas —casi cien declaradas monumentos históricos nacionales—, es una ciudad en miniatura con avenidas, calles y callejones bordeados de mausoleos de mármol, bronce y granito importado de Europa, en estilos art déco, art nouveau, barroco y neogótico. En 2011, la BBC lo incluyó entre los mejores cementerios del mundo, y en 2013 CNN lo puso entre los 10 más bellos.
La tumba más visitada es modesta comparada con sus vecinas: la bóveda de la familia Duarte, donde descansa Eva Perón. Evita murió en 1952 y su cuerpo tuvo una odisea increíble —embalsamado, secuestrado por la dictadura militar, escondido en Milán bajo identidad falsa durante 16 años— hasta ser repatriado y enterrado aquí en 1976. Hoy su tumba recibe flores frescas casi a diario. También descansan aquí presidentes argentinos como Sarmiento y Raúl Alfonsín, premios Nobel y el fundador de la Armada Argentina.
Si vas: la entrada es gratuita y hay visitas guiadas en español. Lleva calzado cómodo y agua: entre mausoleo y mausoleo se te van las horas sin darte cuenta. Es una parada perfecta dentro de un primer viaje bien planeado.

Tercera parada: Highgate, Londres (al atardecer)
Terminamos el día en el norte de Londres, cuando la luz baja y la hiedra lo cubre todo. Highgate abrió en 1839 como uno de los «Siete Magníficos», los grandes cementerios-parque victorianos creados para descongestionar las iglesias saturadas de la ciudad. Está dividido en dos: el lado Este, de 1839, con las tumbas famosas; y el Oeste, más salvaje y cubierto de vegetación, donde aún se realizan entierros.
Su residente más famoso es Karl Marx, muerto en 1883, cuya tumba monumental con el busto barbado y la inscripción «Workers of all lands unite» (trabajadores del mundo, uníos) es lugar de peregrinación: la han visitado desde el cosmonauta Yuri Gagarin hasta medio mundo académico. Pero Highgate es mucho más: aquí están la novelista George Eliot, el científico Michael Faraday, el escritor Douglas Adams (autor de Guía del autoestopista galáctico) y hasta Adam Worth, el criminal que pudo inspirar al profesor Moriarty de Sherlock Holmes. Zorros y búhos viven entre las tumbas; el aire huele a tierra húmeda y piedra vieja.
Si vas: el lado Este solo se visita con tour guiado (unos 90 minutos); el Oeste se recorre libremente. Reserva con antelación: los tours se agotan.
Por qué nos atraen los cementerios
No es morbo, o no solo morbo. Los grandes cementerios son cápsulas del tiempo: la arquitectura funeraria de cada época, los nombres que llenaron los libros de historia y la prueba física de que la fama también tiene fecha de caducidad. Son, además, de los pocos lugares de las grandes ciudades donde el silencio es la norma. Si te gustan los viajes con historia, los lagos del mundo son otra ruta que vale el viaje.

Consejos para visitar cualquier cementerio famoso
- Respeta el lugar: sigue siendo un cementerio en funcionamiento. Habla bajo y no te sientes sobre las tumbas.
- Ve temprano o al atardecer: mejor luz para fotos y menos gente.
- No toques las esculturas: en Père Lachaise, la esfinge de Oscar Wilde tuvo que protegerse con vidrio en 2011 por los besos de lápiz labial de los visitantes.
- Descarga el mapa offline: entre mausoleos idénticos es fácil perderse, y eso también es parte de la experiencia.












