Cada Halloween se libra la misma guerra civil en la bolsa de dulces: el chocolate desaparece en minutos mientras ciertos caramelos sobreviven hasta Navidad… y hasta el año siguiente. Hicimos el ranking definitivo de los dulces de Halloween más amados y más odiados, con historia incluida. Porque detrás del dulce más polémico de todos hay 140 años de historia que casi nadie conoce.

Los más odiados
5. Las pasas
El villano silencioso de Halloween. Nadie odia las pasas en sí —son fruta—, pero recibir una cajita de pasas la noche de los dulces se siente como una traición. Representan al vecino que «no entendió la tarea». Veredicto: no son malas, están en la fiesta equivocada.
4. Los dulces de cera (wax candy)
Botellitas de cera con un sorbo de líquido azucarado dentro. La idea suena divertida hasta que masticas cera insípida durante diez minutos. Son más un juguete que un dulce, y como dulce suspenden.
3. Circus peanuts
Esos cacahuates gigantes de malvavisco naranja con sabor a plátano artificial. Tienen la textura de un colchón viejo y un sabor que nadie pidió. Curiosamente, son de los dulces más antiguos de Estados Unidos (siglo XIX), lo que demuestra que la humanidad lleva 150 años preguntándose quién los compra.
2. El regaliz negro
Divisivo a nivel genético: hay personas que perciben su sabor anisado como delicioso y otras como jarabe para la tos. En Halloween, las barritas de regaliz negro son el equivalente comestible a una opinión impopular. Los escandinavos lo adoran; el resto del planeta, no tanto.
1. Candy corn: el campeón indiscutible del odio (y del amor)
Ningún dulce divide como el candy corn, esos triangulitos de amarillo, naranja y blanco con forma de grano de maíz. Para sus detractores, sabe a «cera con azúcar» y tiene la textura de una vela de cumpleaños. Para sus fans, es pura nostalgia otoñal. Los datos le dan la razón a ambos bandos: se venden unos 35 millones de libras al año (Brach’s fabrica el 85% del candy corn de la temporada), y aun así encabeza cada lista de «peores dulces de Halloween». Es el dulce que todos tienen y nadie admite comer.
Su historia es fascinante: lo inventó en la década de 1880 George Renninger, empleado de la Wunderle Candy Company de Filadelfia, en una época en que las fábricas moldeaban dulces con formas de la vida rural —calabazas, nabos, castañas—. La Goelitz Confectionery Company (hoy Jelly Belly) compró la receta en 1898 y lo vendió como «Chicken Feed» (comida para pollos), con un gallo en el empaque. No se asoció firmemente con Halloween hasta los años cincuenta, cuando el truco o trato se masificó. Tiene hasta su día nacional: el 30 de octubre es el National Candy Corn Day. Ciento cuarenta años después, la receta es esencialmente la misma: azúcar, jarabe de maíz y capas vertidas a mano en moldes con forma de grano.

Los más amados
5. Twix
La barra de la galleta con caramelo es la prueba de que la combinación crujiente + chicloso nunca falla. En tamaño «fun size» es perfecta: dos bocados de felicidad sin compromiso.
4. Kit Kat
El ritual de partir la barrita en cuatro es parte del encanto. Chocolate con leche y oblea crujiente: simple, efectivo, imposible de odiar. Es el dulce diplomático de Halloween.
3. M&M’s
Los clásicos de colores sobreviven a todas las modas porque funcionan en cualquier formato: puñado directo de la bolsa, mezclados con palomitas o derretidos en galletas al día siguiente. Versatilidad campeona.
2. Snickers
Maní, caramelo, nougat y chocolate: la barra más completa del lineal. Tiene legión de fans que la defienden como «el único dulce que de verdad llena». En miniatura es peligrosa: nadie se come solo uno.
1. Reese’s Peanut Butter Cups: el rey
Año tras año, las copas de chocolate con mantequilla de maní de Reese’s encabezan las encuestas de dulces favoritos de Halloween. La combinación salado-dulce es adictiva por diseño, y su formato de copa la hace inconfundible. Si tu bolsa trae Reese’s de tamaño completo, ese vecino es oficialmente el mejor de la cuadra.

Mención especial: los dulces fuera de Estados Unidos
El ranking anterior es muy estadounidense, porque el Halloween «dulcero» nació allí. En México, la noche del 31 se mezcla con las vísperas del Día de Muertos y mandan las calaveritas de azúcar y el pan de muerto. En España e Irlanda, Halloween convive con la Castañada y el Samhain, y los dulces típicos son castañas asadas y barmbrack, un pan con sorpresas dentro. Cada cultura endulza sus fantasmas a su manera, pero la dinámica es universal: hay un dulce que todos pelean y otro que nadie quiere.
Veredicto final
El ranking deja una lección: los dulces más amados son los que combinan texturas (crujiente + cremoso + chicloso), y los más odiados son los que apuestan todo a una sola nota —cera, anís, plátano artificial—. Pero el verdadero ganador moral es el candy corn: odiado por la mitad del país y comprado por la otra mitad, con 140 años de historia y su propio día nacional. Que un dulce sobreviva siglo y medio siendo «el peor» dice mucho de su poder.
Y un consejo práctico para este Halloween: con los precios de los dulces por las nubes (una bolsa de 100 piezas subió de 9 a 16 dólares en cinco años), el trueque de dulces entre hermanos es la economía más justa que existe. Un Reese’s vale tres candy corns. Son las reglas no escritas, y todo el mundo las conoce. Y si este año quieres comprar los dulces sin que el bolsillo sufra tanto, revisa si las extensiones de cupones realmente ahorran dinero antes de hacer tu compra grande.











