Halloween ya no es solo una noche de disfraces: es una de las fiestas más rentables del planeta. La economía de Halloween mueve cada octubre miles de millones de dólares solo en Estados Unidos, y las cifras de 2026 acaban de marcar un nuevo récord. Desglosamos cuánto se gasta, en qué y por qué esta fiesta crece mientras otras se estancan.

La cifra récord: 13.500 millones de dólares
Según la encuesta anual de la National Retail Federation (NRF), elaborada por Prosper Insights & Analytics, los consumidores estadounidenses gastarán en 2026 una cifra récord de 13.500 millones de dólares en Halloween, por encima de los 13.100 millones de 2025. Es casi el doble de lo que se gastaba hace una década (7.400 millones en 2014). Para ponerlo en perspectiva: Halloween es la segunda fiesta comercial más importante del año en Estados Unidos, solo por detrás de Navidad.
El gasto por persona también bate marcas: 115,14 dólares de media, ligeramente por encima de los 114,45 de 2025. Y la participación no para de crecer: el 74% de los consumidores planea celebrar Halloween este año, frente al 73% de 2025 y el 68% de 2019. La pandemia hundió la fiesta al 58% en 2020; desde entonces, cada octubre es más grande que el anterior.
¿En qué se va el dinero? El desglose
Antes de las cifras, la tendencia de fondo: Halloween dejó de ser una fiesta de niños para convertirse en una temporada. La decoración exterior elaborada —casas que compiten con sus vecinos—, las fiestas de adultos, el maquillaje profesional y los disfraces para mascotas empujan el gasto hacia arriba. La Generación Z y los millennials gastan más por persona que cualquier generación anterior en esta fiesta: la viven como un mes entero de contenido, no como una noche. Y hay un factor psicológico: en años de incertidumbre, las fiestas pequeñas y controlables funcionan como válvulas de escape baratas comparadas con unas vacaciones.
La NRF divide el gasto en cuatro grandes categorías, y el orden sorprende a quien piense que Halloween es «la fiesta de los dulces»:
- Disfraces: 4.400 millones. La categoría reina. De ellos, 2.000 millones son disfraces de adulto, 1.500 millones de niño y 920 millones… de mascotas. Sí: casi mil millones de dólares en disfraces para perros y gatos. El mejor amigo del hombre también quiere su foto.
- Decoración: 4.300 millones. Calabazas gigantes, esqueletos de tres metros, inflables de fantasmas: el «jardín embrujado» es un deporte competitivo en los suburbios.
- Dulces: 4.100 millones. La categoría más popular por participación —el 96% de los celebrantes compra dulces—, aunque no la que más dinero mueve.
- Tarjetas de felicitación: 800 millones. La hermana pequeña del presupuesto, pero ocho-cientos millones no son calderilla.
Las actividades favoritas lo confirman: repartir dulces (61% de los celebrantes), disfrazarse (50%), decorar la casa, tallar calabazas y ver películas de terror (42% cada una).

El contexto: dulces más caros y compradores más listos
El récord de gasto no significa que la gente compre más cantidad: significa que todo cuesta más. Según FinanceBuzz, los precios de los dulces de Halloween se dispararon un 78% entre 2020 y 2025, más del triple que la inflación general. Una bolsa de 100 piezas surtidas pasó de 9,19 a 16,39 dólares en cinco años. El culpable principal: el cacao, cuyo precio mayorista llegó a quintuplicarse (de 2.200 a más de 10.000 dólares por tonelada métrica) antes de moderarse. Los precios del dulce aún no han bajado al ritmo del cacao.
Los consumidores lo saben y se han vuelto estratégicos: el 49% empieza sus compras de Halloween en septiembre o antes (hace una década eran el 34%), el 31% compara precios si algo le parece caro y el 26% caza cupones y ofertas. Las tiendas de descuento son el destino número uno (39% de los compradores), por delante de las tiendas especializadas de disfraces (32%) y el comercio online (27%). Si te suena familiar esa psicología del gasto, mira las compras absurdas que hacemos sin darnos cuenta.
El fenómeno «Summerween»: Halloween ya dura tres meses
Otro dato revelador: Halloween ya no es una noche, es una temporada. Las marcas hablan de «Summerween»: Hershey empezó a distribuir productos de Halloween en julio, y las búsquedas de decoración otoñal se disparan desde agosto. Casi la mitad de los consumidores usa herramientas de IA para planear sus compras de Halloween —ideas de disfraces, decoración y fiestas—. La fiesta se ha convertido en un trimestre fiscal con calabazas.
¿Y fuera de Estados Unidos?
Aunque las cifras de la NRF son estadounidenses, el fenómeno es global: en México, el Día de Muertos mueve su propia economía de flores, pan de muerto y viajes; en Europa, Halloween crece año tras año como fiesta comercial importada. La lógica es la misma en todas partes: una celebración que combina niños, dulces, disfraces y redes sociales es una máquina de gastar. Los jóvenes ya pagan por 15 cosas absurdas; los disfraces de mascota son solo la número 16.

Qué nos dice todo esto
La economía de Halloween cuenta una historia optimista en tiempos de inflación: la gente recorta en lo grande pero protege los pequeños rituales que dan felicidad. Hershey lo bautizó como «treatonomics»: priorizar experiencias pequeñas y asequibles que crean alegría, conexión y anticipación. Trece mil quinientos millones de dólares no son solo dulces y disfraces: son la prueba de que, cuando todo sube de precio, la gente sigue dispuesta a pagar por un poco de magia. Incluso si esa magia viene en una bolsa de plástico naranja. Y si te interesa a dónde va el dinero grande de verdad, mira por qué los bancos centrales compran oro como nunca.












