Tu disfraz de Halloween tiene 2.000 años de historia. Lo que hoy es una industria de 13.500 millones de dólares empezó como unos trapos para que los espíritus no te reconocieran. Recorremos la línea de tiempo del disfraz de Halloween: de los celtas al consumismo moderno.

Hace 2.000 años: Samhain y los disfraces para engañar a los espíritus
Todo empieza con Samhain, la fiesta celta que marcaba el fin de la cosecha y el inicio de la mitad oscura del año. Los celtas creían que esa noche el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía finísimo, y que los espíritus —amables y no tan amables— cruzaban a nuestro mundo.
¿La solución? Disfrazarse. Con pieles de animales, máscaras y harapos, la gente intentaba pasar desapercibida entre los muertos: si los espíritus te tomaban por uno de los suyos, te dejaban en paz. Los primeros disfraces de Halloween no eran para divertirse, eran equipo de supervivencia sobrenatural.
Siglo XVI: nace el «guising» en Escocia e Irlanda
La primera tradición documentada parecida al truco o trato moderno es el guising, registrado desde el siglo XVI en Escocia e Irlanda. Los niños se disfrazaban para protegerse de los malos espíritus e iban de puerta en puerta pidiendo comida.
Pero ojo, no era gratis: a diferencia del truco o trato actual, los niños tenían que ganarse la recompensa cantando una canción, recitando un poema o contando un chiste. El disfraz ya no era solo protección: era también actuación.
Edad Media: el «souling» y los pasteles de alma
En Inglaterra y Gales surgió una costumbre paralela: el souling. Los pobres iban de casa en casa en torno al Día de Todos los Santos pidiendo «soul cakes» (pastelitos de alma, especiados con canela) a cambio de rezar por los muertos de la familia. Muchos iban con disfraces harapientos que representaban a las almas en pena.
Entre el guising celta y el souling cristiano ya tenemos los dos ingredientes del Halloween moderno: disfrazarse + ir de puerta en puerta pidiendo algo.

La leyenda de Stingy Jack: por qué se llama jack-o’-lantern
En el folclore irlandés, Jack era un borrachín tramposo que engañó al diablo no una, sino dos veces: primero lo convenció de convertirse en una moneda para pagar la cuenta y lo guardó en el bolsillo junto a una cruz de plata, atrapándolo; después lo hizo subir a un árbol y talló cruces en el tronco para que no pudiera bajar. A cambio de liberarlo, el diablo prometió no reclamar jamás su alma.
Cuando Jack murió, el cielo no lo quiso por sus pecados y el infierno no pudo quedárselo por el trato. Condenado a vagar en la oscuridad eterna, el diablo le arrojó una brasa ardiendo que Jack metió dentro de un nabo hueco: nació la linterna de Jack. Por eso las primeras jack-o’-lanterns se tallaban en nabos, remolachas o patatas y se ponían en las ventanas para ahuyentar a Jack y a los demás espíritus errantes. Cuando los irlandeses emigraron a América en el siglo XIX, descubrieron que la calabaza —más grande, blanda y fácil de vaciar— era un lienzo perfecto.
Siglo XIX: los inmigrantes llevan Halloween a América
Durante las hambrunas y los desplazamientos forzados de los siglos XVIII y XIX, miles de irlandeses y escoceses emigraron a Norteamérica llevándose sus rituales. En su nuevo hogar, sin nabos para tallar (los usaban como linternas en Samhain), descubrieron algo mejor: la calabaza, más grande y fácil de vaciar. Así nació la jack-o’-lantern americana.
La primera referencia norteamericana al truco o trato disfrazado data de 1911 en Kingston, Ontario (Canadá), y en Estados Unidos las menciones aparecen en los años 20.
Un detalle curioso de aquella época: el guising no era pedir por pedir. Los niños tenían que ganarse la golosina cantando una canción tradicional, recitando un poema o contando un chiste divertido en la puerta de cada casa. Era un intercambio: actuación a cambio de dulce. Esa pequeña «prueba de talento» es el ancestro directo del trick-or-treat moderno, donde el disfraz sustituyó a la actuación como moneda de cambio.
Años 50: el truco o trato conquista Estados Unidos
El Halloween moderno explota después de 1950: termina el racionamiento de azúcar de la posguerra, crecen los suburbios y llega el baby boom. Millones de niños, barrios llenos de casas con porche y caramelos baratos: la tormenta perfecta. El disfraz deja de ser un harapo para espantar espíritus y se convierte en producto de consumo: las tiendas empiezan a vender disfraces fabricados en serie.
2026: una industria de 13.500 millones de dólares
Según la National Retail Federation (NRF), los estadounidenses gastarán este Halloween 13.500 millones de dólares (tras el récord de 13.100 millones en 2025). Y los disfraces son la categoría reina: 4.400 millones, por delante de la decoración (4.300) y los caramelos (4.100).
El desglose es revelador: 2.000 millones en disfraces de adultos, 1.500 en infantiles y 920 millones en disfraces para mascotas. Sí, casi mil millones de dólares en disfraces de calabaza para perros. El 74% de los consumidores celebra Halloween y la mitad se disfraza, con un gasto medio de 115,14 dólares por persona (115,14 frente a 114,45 en 2025, según la NRF).
La encuesta de la NRF —7.889 consumidores, margen de error de ±1,1 puntos— confirma que Halloween ya es una temporada, no un día: el 49% empieza a comprar en septiembre o antes, y el 47% usa herramientas de IA para planificar la fiesta (un 34% para lluvia de ideas y un 32% para pedir recomendaciones durante la búsqueda). Las actividades favoritas son repartir caramelos (61%), disfrazarse (50%), decorar la casa (42%), tallar calabazas (42%) y ver pelis de miedo (42%). Y las tiendas de descuento (39%) ganan como destino de compra, por delante de las tiendas de disfraces (32%) y el online (27%).

El disfraz en 2026: qué se lleva
Dos mil años después, el disfraz sigue evolucionando:
- Disfraces en grupo: la tendencia es coordinarse con amigos o en pareja (el «disfraz grupal» arrasa en TikTok e Instagram).
- Vuelta al DIY: frente al disfraz de usar y tirar, crece el hecho a mano, más barato, más original y más sostenible.
- Compras con IA: según la NRF, casi la mitad de los compradores usa herramientas de inteligencia artificial para elegir disfraz o planificar la fiesta.
- Mascotas disfrazadas: con 920 millones de dólares en disfraces para animales, el perro-calabaza ya es una institución.
De pieles de animal a disfraces de usar y tirar comprados con IA (casi la mitad de los compradores usa herramientas de IA para elegir disfraz este año, según la NRF), el disfraz de Halloween ha recorrido un camino increíble. Y si este año quieres sumarte a la fiesta sin arruinarte, ojo con las compras absurdas que hacemos sin darnos cuenta y con las cosas absurdas por las que pagamos los jóvenes; quizá una extensión de cupones te salve el bolsillo. Al fin y al cabo, los celtas se apañaban con trapos: el mejor disfraz sigue siendo el que lleva imaginación, dos mil años después de los celtas.













