«En martes 13, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes». Lo dijo tu abuela, lo dice el refranero y lo piensa medio mundo hispano cada vez que el calendario cuadra. Pero ¿por qué martes y no viernes, como en el mundo anglosajón? ¿Y por qué el 13? La respuesta es una mezcla de mitología romana, Biblia e historia militar que lleva siglos cocinándose. Vamos a destriparla.
El martes: el día de Marte, dios de la guerra
Empecemos por el día. Martes viene de Marte, el dios romano de la guerra. Para griegos y romanos, el día dedicado a Ares/Marte era sinónimo de conflicto, sangre y destrucción: el planeta Marte, visible a simple vista como una esfera rojiza, se asociaba directamente con la sangre derramada en batalla.
De ahí nació un refrán aún más antiguo que el del 13: «El martes no te cases ni te embarques», que ya circulaba en tiempos del Sacro Imperio Romano con la sentencia «Giorno di Venere, giorno di Marte, non si sposa e non si parte». El martes ya traía mala fama antes de juntarse con el 13; el número solo remató la faena.

El 13: la cena que salió mal
El número 13 carga su propia maldición desde hace milenios, y la principal sospechosa es la Última Cena: Jesús más sus doce apóstoles sumaban trece comensales, y el decimotercero en discordia fue Judas Iscariote, el traidor. Trece personas sentadas a la mesa, una traición y una crucifixión: material suficiente para marcar un número de por vida.
La Biblia refuerza la idea: el capítulo 13 del Apocalipsis está dedicado a la Bestia, el Anticristo. Y en el tarot, el arcano número 13 es la Muerte, representada por un esqueleto con guadaña. Hasta los nórdicos aportan su granito: en su mitología, Loki fue el decimotercer invitado a un banquete de dioses en el Valhalla, y su llegada terminó con la muerte de Balder.
La caída de Constantinopla: el martes que lo confirmó todo
Hay un evento histórico que muchos señalan como el momento en que el martes quedó marcado a fuego: la caída de Constantinopla. El 29 de mayo de 1453, los otomanos tomaron la ciudad, poniendo fin a más de mil años de Imperio bizantino. Según varias crónicas, aquel día fatídico cayó en martes, y el golpe para la cristiandad fue tan brutal que quedó grabado en la memoria colectiva: los martes traen desgracias de tamaño histórico.
Otras versiones apuntan al martes 13 de abril de 1204, cuando Constantinopla cayó ante los cruzados de la Cuarta Cruzada. Sea una fecha u otra, el patrón es el mismo: un martes, una catástrofe, una superstición reforzada.

El 13 no asusta igual en todo el mundo
Cada cultura tiene su número maldito. En Italia, el día temido no es el martes 13 ni el viernes 13, sino el viernes 17: el 17 en números romanos se escribe XVII, anagrama de VIXI, «he vivido», eufemismo de «he muerto». En China y Japón, el número de la mala suerte es el 4, porque su pronunciación se parece a la palabra «muerte»; en muchos edificios chinos no existe la cuarta planta, igual que en Occidente a veces falta la decimotercera.
Y hay supersticiones gemelas: en Grecia, el martes también trae mala suerte —allí se considera el día más desafortunado de la semana—, mientras que en el mundo anglosajón el viernes carga con la fama por la crucifixión de Cristo, que la tradición sitúa en viernes. Cada cultura elige su día… pero todas eligen uno.
La fobia tiene nombre científico
El miedo al número 13 es tan común que la psicología le puso nombre: triscaidecafobia, del griego treiskaideka (trece) y phobos (miedo). Y el miedo al viernes 13 tiene su propia versión impronunciable: paraskevidekatriafobia. Existe incluso quien lo estudia en serio: algunos hoteles omiten la planta 13 y algunas aerolíneas, la fila 13, no por superstición de sus directivos, sino porque saben que hay pasajeros que pagan por evitarla.
¿Y por qué los anglosajones tienen el viernes 13?
Buena pregunta, y la respuesta dice mucho de cómo viajan los mitos. En el mundo anglosajón, el día de la mala suerte es el viernes 13, y su origen más citado es otro: el viernes 13 de octubre de 1307, cuando el rey Felipe IV de Francia ordenó arrestar a los caballeros templarios, acusados de herejía. La superstición se popularizó definitivamente con la novela Viernes 13 de Thomas W. Lawson, publicada en 1907.
Curiosamente, en España y Latinoamérica el viernes nunca cuajó como día maldito: aquí el martes ya ocupaba ese puesto desde mucho antes. Cada cultura elige su propio día para no salir de casa.
El martes 13 en la cultura pop
La superstición es tan fuerte que hasta tiene su propia película: Martes 13, la versión hispana del mito que Hollywood explotó con Viernes 13. En redes, cada martes 13 se llena de memes: gente que «trabaja desde casa por si acaso», oficinistas que evitan firmar contratos y grupos de WhatsApp que se desean suerte como si fuera un examen final.
También hay quien le da la vuelta: bares que organizan «fiestas anti-mala suerte», bodas programadas a propósito en martes 13 por parejas escépticas y hasta loterías que aprovechan la fecha para campañas especiales. Porque si algo nos enseñó la superstición es que el miedo, bien gestionado, también vende.
¿Hay que tomárselo en serio?
La ciencia dice que no: ningún estudio ha demostrado que los martes 13 sean más peligrosos que cualquier otro día. Pero la superstición tiene un efecto real y medible: el miedo a volar, a firmar contratos o a casarse en estas fechas mueve comportamientos —y hasta precios— en medio mundo. Se llama profecía autocumplida: si crees que será un mal día, actuarás con más nerviosismo.
Así que este 13 de octubre, que efectivamente cae en martes, tienes dos opciones: quedarte en casa… o salir a demostrarle al refrán quién manda. Si optas por lo segundo, al menos evita cruzarte con un gato negro: ya sabemos qué piensan los gatos de nosotros, y no parece que les importe mucho nuestro calendario. Y si te gustan los misterios donde la historia y la leyenda se mezclan, no te pierdas qué pasa si las civilizaciones antiguas nos trollearon.














