La Revolución de Octubre tiene un problema de calendario: todo el mundo la celebra en noviembre. Y no, no es un error de imprenta. La revuelta que derrocó al Gobierno Provisional ruso y puso a los bolcheviques en el poder ocurrió el 25 de octubre de 1917… según el calendario que usaba Rusia en aquel momento. En el resto del mundo, ese día era ya el 7 de noviembre. Así que ponte cómodo, porque vamos a repasar, día a día, qué pasó realmente en la semana que cambió el siglo XX.

10 de octubre: la decisión que se tomó en secreto
Todo empezó antes de que sonara un solo disparo. El 10 de octubre (calendario juliano), el Comité Central bolchevique se reunió en Petrogrado y tomó la decisión más arriesgada de su historia: organizar la toma definitiva del poder. Para eso crearon el Comité Militar Revolucionario, el órgano que planificaría el levantamiento con precisión casi militar.
La fecha elegida no fue casual: el 25 de octubre se inauguraba el II Congreso de los Soviets de toda Rusia. La idea de Lenin era brillante en su sencillez: derrocar al gobierno justo cuando los delegados obreros y soldados estuvieran reunidos, para entregarles el poder en bandeja y que nadie pudiera decir que fue un golpe de una minoría. Hacerlo antes sería precipitado; hacerlo después, perder una oportunidad de oro.
Las consignas que llevaban meses calando en la población eran directas y pegadizas: «Paz, pan y tierra» y «Todo el poder para los soviets». El Gobierno Provisional, nacido de la Revolución de Febrero, se había negado a sacar a Rusia de la Primera Guerra Mundial, y eso lo estaba hundiendo. El hambre, la guerra y el cansancio hacían el resto.
24 de octubre: Petrogrado cambia de manos en silencio
El 24 de octubre, Petrogrado amaneció como una ciudad ocupada… por sus propios habitantes. Siguiendo el plan del Comité Militar Revolucionario, unidades de la Guardia Roja, marinos y soldados afines a los bolcheviques tomaron sin apenas resistencia los puntos estratégicos de la capital: puentes, estaciones de tren, la central telefónica, el telégrafo y la sede de los periódicos.
Mientras tanto, el primer ministro Aleksandr Kérenski seguía atrincherado en el Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional, rodeado de un puñado de tropas leales, cadetes de escuelas militares y un batallón de mujeres. El cerco se estrechaba hora a hora, pero casi nadie en la ciudad notaba nada raro: la vida seguía, los tranvías circulaban y los cafés estaban llenos. Fue, en muchos sentidos, la revolución más discreta de la historia… hasta que dejó de serlo.

25 de octubre, 21:45: el cañonazo del Aurora
La noche del 25 al 26 de octubre fue la noche. A las 21:45, el crucero Aurora, anclado en el río Neva, disparó un cañonazo de fogueo. Era la señal convenida. La Guardia Roja se lanzó al asalto del Palacio de Invierno.
Lo que ocurrió después ha sido exagerado por el cine durante un siglo —la película Octubre de Eisenstein (1927) lo convirtió en una batalla épica—, pero la realidad fue mucho más anticlimática: el asalto se llevó a cabo sin hostilidades significativas. Las tropas del gobierno ya se habían retirado o se rindieron, los ministros fueron detenidos uno a uno y el poder pasó al Congreso de los Soviets. Kérenski, eso sí, logró escapar de Petrogrado disfrazado (según la leyenda, con uniforme de enfermera o de marinero; los historiadores aún discuten los detalles).
Poco antes de las diez de la noche, apenas una hora después de inaugurarse el II Congreso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, llegaba la noticia: el Palacio había caído. El Congreso, tras tensos debates entre bolcheviques y mencheviques, tomó el poder en sus manos sobre las cinco de la madrugada del día 26.
26 de octubre: Lenin anuncia el nuevo mundo
En la mañana del 26, Vladímir Lenin se presentó ante el Congreso para informar del derrocamiento del gobierno. Allí se aprobaron los dos decretos fundacionales de la Rusia soviética: el Decreto de la Paz, que proponía una paz inmediata sin anexiones, y el Decreto de la Tierra, que entregaba las tierras a los campesinos. Se creó además el Consejo de Comisarios del Pueblo, el primer gobierno revolucionario, presidido por el propio Lenin.
También se liberó a los presos políticos del gobierno de Kérenski y se abolió la pena de muerte. La revolución, al menos en el papel, empezaba con gestos de ruptura total con el pasado.
Los días siguientes: la revolución sale de Petrogrado
Petrogrado cayó en una noche, pero Rusia era inmensa. En Moscú hubo combates de verdad: la lucha por el Kremlin se prolongó durante días entre bolcheviques y cadetes. Poco a poco, el poder soviético se fue imponiendo en las principales ciudades, aunque la resistencia daría lugar a una guerra civil brutal que duraría años.

¿Por qué «octubre» si fue en noviembre?
Aquí está el lío del calendario. La Rusia zarista usaba el calendario juliano, que en el siglo XX iba 13 días por detrás del gregoriano que usaba el resto del mundo. Así que el 25 de octubre ruso era el 7 de noviembre para todos los demás.
Lo curioso es que la recién nacida Unión Soviética adoptó el calendario gregoriano casi de inmediato… pero mantuvo el nombre de «Revolución de Octubre». El 7 de noviembre se convirtió en la gran fiesta nacional soviética durante décadas, aunque todo el mundo supiera que el nombre no cuadraba. La historia, a veces, prefiere una buena marca a una fecha exacta.
Lo que vino después: guerra civil y el nacimiento de la URSS
La toma del Palacio de Invierno fue el principio, no el final. Entre 1918 y 1922, Rusia se desangró en una guerra civil brutal entre el Ejército Rojo bolchevique y el Ejército Blanco (monárquicos, liberales y potencias extranjeras que intervinieron). Millones de personas murieron por la guerra, el hambre y las epidemias.
Los bolcheviques ganaron, y en 1922 nació oficialmente la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el primer Estado socialista del mundo. Lenin murió en 1924, y tras una lucha interna de poder, Iósif Stalin se hizo con el control, inaugurando décadas de dictadura. La revolución que prometía «paz, pan y tierra» terminó construyendo una superpotencia… y uno de los regímenes más represivos del siglo XX. La historia, como siempre, es más complicada que sus consignas.
Los protagonistas que debes recordar
- Vladímir Lenin: el cerebro político. Llevaba meses insistiendo en que había que tomar el poder ya, contra la opinión de parte de su propio partido.
- León Trotsky: el organizador militar. Como presidente del Soviet de Petrogrado y del Comité Militar Revolucionario, diseñó el plan del levantamiento.
- Aleksandr Kérenski: el perdedor. Primer ministro del Gobierno Provisional, huyó la noche del asalto y nunca recuperó el poder.
Más de un siglo después, la Revolución de Octubre sigue siendo uno de esos eventos que, como contamos en nuestro artículo sobre las historias que los libros de historia omitieron, se cuenta de formas muy distintas según quién la cuente. Lo que nadie discute es esto: en una sola semana de 1917, el mapa del mundo cambió para siempre. Y si te gustan las historias donde la realidad supera a la ficción, no te pierdas qué pasa cuando las civilizaciones antiguas nos trolean con sus descubrimientos.













