Cada 31 de octubre se repite el mismo ritual: niños disfrazados tocan puertas y gritan «truco o trato» a cambio de dulces. Parece una invención moderna de las tiendas de disfraces, pero la verdadera historia del truco o trato tiene más de 2.000 años, cruzó un océano y sobrevivió a celtas, romanos, monjes medievales y suburbios estadounidenses. Ponte cómodo: vamos a viajar en el tiempo, parada por parada, hasta el origen de la noche más dulce del año.

Parada 1: hace más de 2.000 años, el Samhain celta
Nuestro viaje empieza en la Irlanda, Escocia y el norte de Francia de hace más de dos milenios, con los pueblos celtas y su festival de Samhain. Marcaba el fin de la temporada de cosechas y el inicio del invierno, la mitad oscura del año. Los celtas creían que esa noche la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía tan delgada que los espíritus podían cruzarla.
Para protegerse, encendían grandes hogueras y se ponían máscaras y pieles de animales: si parecían espíritus, los espíritus de verdad los dejarían en paz. Ese gesto —disfrazarse para engañar a lo sobrenatural— es la semilla más antigua de todo lo que vendría después. Como tantas tradiciones que cruzaron culturas y continentes, el Samhain no desapareció: se transformó.
Parada 2: Roma se suma a la fiesta
Cuando el Imperio Romano conquistó las tierras celtas, sus propias festividades se mezclaron con el Samhain. Los romanos celebraban las Feralia, un día en honor a los muertos, y las fiestas de Pomona, diosa de los frutos y los árboles. De esta última, según la tradición popular, heredamos uno de los juegos clásicos de Halloween: atrapar manzanas flotando en agua con la boca.
Es una de esas conexiones históricas que suenan demasiado perfectas, y los historiadores debaten cuánto hay de cierto en cada detalle. Pero el patrón es innegable: cada cultura que tocaba esta fecha le añadía una capa nueva.
Parada 3: la Edad Media y el «souling»
Saltamos a la Inglaterra medieval. La Iglesia había fijado el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos, y su víspera —All Hallows’ Eve— acabaría dando nombre a Halloween. En esas fechas nació el souling: personas pobres, a veces niños, iban de casa en casa ofreciendo oraciones por los difuntos a cambio de soul cakes, unos pastelitos que simbolizaban un alma liberada del purgatorio.
Piensa en la escena: alguien llama a tu puerta, canta o reza por tus muertos, y tú le das comida. Es caridad, es superstición y es, sobre todo, el primer «trato» documentado de nuestra historia. La mecánica ya está inventada; solo faltan los disfraces.
Parada 4: Escocia e Irlanda inventan el disfraz (el «guising»)
Y aquí llega la pieza que más se parece a lo que conocemos. En Escocia e Irlanda se practicaba el guising: niños y jóvenes se disfrazaban —de ahí disguise— e iban de puerta en puerta haciendo una pequeña actuación: una canción, un poema, un truco. A cambio recibían comida, monedas o dulces. Disfraz más actuación a cambio de recompensa: el truco o trato ya existe, solo que aún no tiene nombre.
De esta época viene también otro símbolo inseparable de Halloween: las linternas talladas. Pero no eran calabazas, sino nabos. Los irlandeses y escoceses tallaban rostros amenazantes en nabos y los iluminaban por dentro para ahuyentar a los malos espíritus. Cuando la tradición cruzó el Atlántico, descubrieron que las calabazas americanas eran más grandes, más fáciles de tallar y mucho más vistosas. El jack-o’-lantern había nacido.

Parada 5: el gran salto a América
En el siglo XIX, oleadas de inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron sus costumbres de Halloween a Estados Unidos. Al principio era una fiesta de inmigrantes, celebrada sobre todo en comunidades cerradas. Pero con el tiempo, el guising se mezcló con otras tradiciones locales y empezó a expandirse.
Hubo un bache curioso en el camino: a principios del siglo XX, la noche de Halloween en EE. UU. se había convertido en una noche de vandalismo juvenil bastante seria —la «noche de travesuras»—, con destrozos reales en propiedades. La solución de las comunidades fue brillante: organizar el caos. Fiestas vecinales, desfiles y, poco a poco, la versión domesticada y dulce de pedir golosinas puerta por puerta. El «truco» se quedó como amenaza de broma; el «trato» se convirtió en el plato principal.
Parada 6: nace la frase «trick or treat»
La expresión «trick or treat» aparece por primera vez en la prensa en la década de 1920 —los registros más citados la sitúan en Canadá en 1927—, pero su explosión llegó después de la Segunda Guerra Mundial. El baby boom llenó los nuevos suburbios de niños, los barrios eran seguros para caminar de noche y los vecinos estaban dispuestos a participar. En las décadas de 1940 y 1950, el truco o trato se convirtió en un fenómeno nacional estadounidense.
Las compañías de dulces, que no son tontas, vieron la oportunidad y Halloween se transformó en la fiesta de consumo que conocemos hoy. Lo que empezó como oraciones por los muertos en la Inglaterra medieval terminó como la segunda fiesta comercial más grande de Estados Unidos.

Parada 7: hoy, y por qué sigue funcionando
Dos mil años después, la mecánica sigue intacta: te disfrazas, tocas una puerta y negocias. Los disfraces ya no son para engañar a los espíritus, sino para presumir en Instagram; los soul cakes son chocolatinas envueltas en plástico; y el «truco» es una amenaza que nadie se toma en serio. Pero el corazón del ritual —la comunidad saliendo a la calle, los vecinos compartiendo algo, los niños aprendiendo a pedir con educación— sigue siendo el mismo que inventaron los celtas y perfeccionaron los escoceses.
Así que este 31 de octubre, cuando escuches el timbre y veas un pequeño fantasma con una calabaza de plástico, recuerda: estás participando en una tradición que empezó con hogueras en colinas irlandesas hace más de veinte siglos. No está mal para una noche de dulces. Y si te gustan las historias que los libros no siempre cuentan completas, o quieres saber cómo las migraciones llevan tradiciones enteras a otros continentes, sigue explorando: la historia siempre tiene una parada más.












